Xiomara Peña es todo un ejemplo de superación y sacrificio. Ha querido compartir con los lectores de nuestro blog su transformación después de una larga lucha frente a importantes adversidades que aparecieron en su vida.

Todo empezó en 2011, año en el que nació su hijo Diego con cataratas congénitas, una enfermedad que, desgraciadamente, no se puede prevenir a día de hoy. El fuerte impacto emocional que le produjo a Xiomara el estado de su pequeño derivó en una gran depresión que le provocó una importante alteración orgánica, hasta el punto de llegar a pesar 142 kg. Esta situación desencadenó una mayor caída en picado, física y mentalmente.

A causa de su obesidad mórbida, la hipertensión, la diabetes, el colesterol y el hipertiroidismo constituyeron los elementos ideales para generar una auténtica bomba de relojería en su cuerpo. Hasta que un día su médico le advirtió muy seriamente de que, si seguía así, no iba a llegar a ver a su hijo con 10 años. Este aviso fue suficiente para que Xiomara tomara conciencia real de la gravedad de su estado y, fundamentalmente, para que valorara lo bonito, no solo de ver crecer a su pequeño, sino de disfrutar activamente de él y con él.

Bypass gástrico

Fue entonces cuando decidió someterse a un bypass gástrico, una operación que ha demostrado ser muy efectiva a largo plazo. Este tipo de cirugía consiste en modificar el sistema digestivo para tratar de forma definitiva la obesidad. Su técnica radica en dejar un pequeño estómago de 15 a 30 ml. que se conecta directamente al intestino delgado, de manera que se reduce la cantidad de comida que se puede ingerir y, en consecuencia, disminuye la absorción calórica, produciendo saciedad y pérdida de peso de forma más rápida. La operación no fue inmediata. Xiomara tuvo que permanecer 5 largos años en lista de espera hasta que pudo ser intervenida.

La protagonista de nuestro artículo nos confiesa que, tras la cirugía, el camino no fue, precisamente, un camino de rosas. “Mi estómago era pequeño, sí, pero mi cerebro aún pensaba que era grande y sentía la necesidad de seguir comiendo como antes. Así que, por un lado, tuve que someterme al aprendizaje de comer solamente las cantidades necesarias y, por otro, tuve que concienciarme de la importancia de practicar mucho deporte, hasta el punto de entrenar cinco días a la semana en Inacua ”.

La técnica del bypass gástrico facilita entre un 50% y un 75% la pérdida de peso excesivo inicial y suele producirse entre los 6 y 12 meses después de la intervención. A partir de ahí, tiende a estabilizarse. Pero servirá de poco si el paciente no sigue la dieta y el ejercicio recomendados, lo que provocará la recuperación de buena parte del peso perdido. Xiomara, consciente de ello, no tuvo dudas.

 

Felicidad

“Ahora peso 53 kg. He pasado de una talla 62 a una 34. Me acaban de realizar una abdominoplastia para reconstruirme la pared abdominal, eliminándome el exceso de piel y de grasa causados por la pérdida de tanto peso, y con el objetivo de remodelar el abdomen y la cintura.  Ahora soy físicamente la mitad de lo que era antes y mentalmente el doble de feliz. No tengo complejos ni enfermedades y, lo que es más importante para mí: espero ver crecer a mi hijo durante muchos años porque he vuelto a vivir”.

Y, desde su experiencia, nos anima a no abandonarnos hasta tal punto que necesitemos de medidas drásticas para solucionar nuestro problema. Antes de llegar a ese extremo, nos recuerda que para perder peso y mejorar nuestra condición física no hay milagros. “La clave es una dieta saludable, ejercicio físico y vida sana, no ya solo por ti, sino también para disfrutar con tus seres queridos y que ellos disfruten contigo durante muchísimos años”.

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