Nuestro primer post del año trataba la pérdida de peso como uno de los propósitos más habituales en esta época. Pues bien, en nuestro segundo artículo vamos a darte algunos consejos que te ayudarán a conseguir que esa meta se encuentre un poquito más cerca.

Si quieres rebajar tu Índice de Masa Corporal (IMC) y ganar masa muscular debes empezar por tomártelo como algo muy personal. Es decir, lo primero que tienes que hacer es saber cómo estás y a dónde quieres llegar. Para ello, es fundamental que te sometas a pruebas de fuerza, movilidad, etc. Y, por supuesto, debes tener en cuenta tu historial deportivo y tu cuadro médico. De esta manera encontrarás la dieta y el entrenamiento más idóneos para ajustarlos a tus condiciones actuales. Ten en cuenta que cada persona es distinta y, por tanto, los mismos ejercicios producen resultados distintos.

Una vez que hayas hallado tu programa de entrenamiento adecuado y la dieta que más te convenga (lo ideal es con ayuda de un equipo multidisciplinar formado por médico, fisioterapeuta, entrenador personal y nutricionista) debes controlar tu progresión semanalmente. Ten en cuenta que cada tejido, cada cartílago, cada tendón, cada músculo tardan un tiempo diferente en responder y adaptarse a tu entrenamiento. Por eso es fundamental que respetes tus periodos de recuperación para evitar lesiones y sobrecargas musculares. Y por eso es tan importante que tu progresión esté supervisada semanalmente por tu entrenador personal y tu nutricionista.

Dieta y ejercicio no son sinónimos de sufrimiento

La idea es que, además de ir consiguiendo tus objetivos, te sientas bien durante todo el tiempo. Tu bienestar debe estar por encima de todo. Tienes que salir del gym con energía, no cansado. Debes sentirte más sano, más alegre. Un tratamiento de spa, unos masajes, unas técnicas de relajación para dormir mejor o unos consejos para corregir desequilibrios posturales son el mejor complemento a tus rutinas de fitness.

Si a esto le añades un buen programa nutricional que te permita comer variado sin restricciones superiores a las 1.000 calorías diarias, comprobarás por ti mismo que esto es lo que realmente funciona a largo plazo. Una dieta de menos de 1.000 calorías puede debilitarte y provocar que abandones antes de conseguir tu objetivo. Por eso es necesario también que evites los ayunos prolongados. Ya sabes que es mejor que comas varias veces al día dejando unas 3 horas de intervalo entre comida y comida. Y es muy importante que bebas agua, incluso antes de tener sed. Esto evitará que te debilites. Ten en cuenta que si no bebes suficiente agua, el ácido láctico no se puede metabolizar y afectará a tu rendimiento. Los días de entrenamiento debes beber 3 litros.

Así que, ya sabes, si eres de los que aún no ha tirado la toalla en este comienzo de año (haberlos, haylos ya), te invitamos a que tomes en consideración estos consejos y en vez de pensar que estás a dieta y que estás sometido a un duro entrenamiento, te lo tomes como algo que, además de ayudar a verte mejor estéticamente, está añadiendo calidad, salud y bienestar a tu vida simplemente cambiando algunos hábitos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies propias para posibilitar, personalizar y analizar la navegación, mejorando la calidad de los servicios. Si continua navegando, acepta su uso conforme a lo indicado en la Política de Privacidad y Cookies. Puede cambiar sus preferencias en su navegador.

ACEPTAR
Aviso de cookies