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La práctica del Yoga se ha extendido mucho en los últimos años. Los beneficios de esta filosofía, que no deporte, son innumerables a todos los niveles. Su llegada a Occidente, sin embargo,  ha supuesto en muchas ocasiones, descafeinar una técnica que, lejos de limitarse al ámbito físico, supone un entrenamiento integral de la mente, el cuerpo y el “alma”.

Sus más de 5.000 años de historia convierten al Yoga en una herramienta más que avalada y perfecta para “aprender a vivir”. Océanos de sudor de cientos de yoguis han perfeccionado una técnica que va desde la meditación hasta las asanas (posturas) pasando por los pranayamas (técnicas de respiración), esenciales todas ellas en una clase de Yoga de calidad.

Si nunca antes has practicado esta disciplina y tienes la fortuna de incorporarte a una clase sin descafeinar y que contenga todos los elementos, tus sensaciones iniciales probablemente sean algo confusas.  La meditación no es dejar de pensar, ni relajarse; las asanas no se hacen bien porque consigas llegar a la perfección en los estiramientos; y los pranayamas, al principio, más que calmar tu mente y tu cuerpo, te pondrán realmente nervioso. Ten paciencia.

Aprender a respirar con el Yoga

Para experimentar los beneficios de esta práctica hay que dejar que pase algo de tiempo y ser constante, pero es indudable que las ventajas llegan y los cambios se manifiestan a todos los niveles.

En Inacua tratamos de ofrecer un servicio integral en nuestras clases de Yoga. La sesión comienza con una meditación “de apertura”, esencial para situarnos en la práctica en el momento presente (aquí y ahora). Con ella preparamos el cuerpo y la mente para las asanas, siempre con la ayuda de una respiración consciente.

La mayoría de nosotros respiramos mal. Apenas utilizamos el 30% de nuestra capacidad pulmonar, lo que provoca problemas serios de ansiedad, estrés e insomnio, entre otros. Aprender a respirar, tomar consciencia de cómo inhalamos y exhalamos y ser capaces de mantener un ritmo fluido y natural, sea cual sea la circunstancia, es una de las primeras cosas que aprenderás, no sólo para la clase, sino para tu vida en general.

Mantener la calma y la quietud

Durante las clases de Yoga, en su forma más pura, se mantienen las posturas al menos durante un minuto. Todas las asanas se pueden rebajar y aumentarse en cuanto a intensidad. En este sentido, escucha las indicaciones del profesor y no te dejes vencer por la pereza (mantener una asana en una intensidad menor a tu capacidad) o el ego (sobrepasar tus límites físicos). Es imprescindible distinguir entre intenso estiramiento, lo que buscamos, y dolor, que nunca debe aparecer en clase. Es lo que llamamos en Yoga “punto óptimo”. Ser consciente del trabajo adecuado del cuerpo y tener la fortaleza mental para permanecer en la asana nos prepara para enfrentarnos a todo tipo de circunstancias en la vida.

Otro elemento que no puede faltar en una buena sesión son las posiciones de descanso, como Savasana o Balasana, y la relajación final. Es el momento reservado para que nuestro cuerpo y nuestra mente aprecien los beneficios de la práctica. Tratar de mantener la misma calma y quietud es el reto a conseguir tras salir del centro deportivo.

Disfrutar de una vida plena y feliz

¿Por qué solemos desesperarnos en las primeras clases? El Yoga nos obliga a parar, a dejar de hacer, a reencontrarnos con nosotros mismos a través de la meditación y las asanas. Algo a lo que no estamos acostumbrados en la sociedad actual. “¿Qué hago aquí? Con la cantidad de cosas que tengo que hacer”; “yo he venido a sudar”; “esto es una pérdida de tiempo”… son algunos de los pensamientos que nos asaltan en una clase de Yoga. ¡Ay, la mente!, cuántas trampas nos pone. Esto no responde a otra cosa que a la falta de costumbre.

El secreto es marcar una distancia, ser capaces de observar los pensamientos, escuchar al cuerpo, concentrarnos en la respiración y mantenernos firmes sin prestar la atención excesiva que solemos dedicarle a nuestra mente. Si somos capaces de superar estas sensaciones iniciales, ten por seguro que llegará un momento en que tu práctica de Yoga se convertirá en una herramienta fundamental para mantenerte en forma. No podrás pasar sin ella.

Iniciarse en esta disciplina supone cambios, muchos al continuarla, y más si tenemos en cuenta el ritmo de vida al que nos vemos sometidos. Un buen profesor de Yoga debe explicarte todo esto y dejarte ir si aún no estás listo o sencillamente no te apetece (“Cuando el alumno está preparado, el maestro aparece”).

En una sesión de Yoga es común que aparezcan emociones. No te sientas incómodo si esto sucede. Debes saber que durante la práctica nos reencontramos con nosotros mismos y nos escuchamos. A veces, lo que oímos no nos gusta pero debemos aceptarlo. Dejar que las emociones fluyan forma parte de la clase. Lo que impedimos que salga, queda dentro, bloqueado, se pudre y nos corroe.

Decir “no hago yoga porque carezco de flexibilidad”, es tan absurdo como “evitar una ducha porque estoy demasiado sucio”. Con las asanas ganarás fuerza y elasticidad, y dependerá sólo de ti hasta dónde llegar. Pero recuerda que el objetivo no es ponerse muy fuerte o convertirse en gimnasta. El objetivo es bastante más ambicioso.

La meta es procurarte paz interior, fortaleza mental y un estado de quietud y calma que, si estás preparado y dedicas el tiempo necesario, te acompañará más allá del centro deportivo; más allá de los dolores de espalda que puedas padecer, que serán cada vez más leves; más allá de los problemas de insomnio que te puedan aquejar, que desaparecerán.

El Yoga, que significa unión, te acompañará a lo largo de tu vida y, sin duda, hará de ésta un espacio más pleno y feliz.

CENTROS Y HORARIOS:

Inacua Antonio Prieto: Lunes 9:30 h, Miércoles 10:30 h, Martes y Jueves 21:00 h.

Inacua Huétor Vega: Lunes y Miércoles 19:30 h, Martes y Jueves 9:15 h. Modalidad Premium con grupos de máximo 15 personas.

Inacua La Granja: Martes 17:00 h, Jueves 10:30 h.

Inacua Málaga: Lunes , Miércoles y Viernes 9:30 h, Martes y Jueves 11:30 h y 21:30 h, Lunes y Miércoles 21:30 h.

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