Enrique y su familia se vieron obligados a recorrer media España desde su más tierna infancia.

Esta es la historia de Enrique Miguel García Mejías, nacido un 23 de diciembre, allá por el año 1943 del siglo pasado, en el municipio extremeño de Malpartida de Cáceres. Debido a los cambios de destino de su padre, de profesión militar, Enrique y su familia se vieron obligados a recorrer media España desde su más tierna infancia.

A los 14 años, estudiando cuarto curso de Bachillerato en el célebre Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, D. Ricardo Teigell Cea, profesor de Educación Física, invitó a sus alumnos a participar en la Primera Carrera Intercentros Escolares que se celebraba en la capital el 5 de enero de 1957, con tan poco éxito que no se apuntó ninguno. D. Ricardo, ante este contratiempo, tuvo la genial idea de motivar a sus discípulos aprobándoles la asignatura siempre y cuando se inscribieran en la carrera. El reclamo surtió efecto y todos y cada uno de los chicos se apuntaron.

La competición se celebró en un circuito al que había que dar dos vueltas de 1.500 metros. En la primera vuelta, el protagonista de nuestra historia se colocó entre los tres primeros, pero en la segunda se hundió entre los tres últimos. A partir de esa señalada fecha anterior al día de Reyes, Enrique comprendió que no era suficiente entrenar durante los 4 ó 5 días anteriores dando vueltas a la cancha de baloncesto del Instituto. Para competir y ganar era necesario “entrenar de verdad”.

Sus comienzos

En aquella época, fue fichado por el equipo juvenil de Campo a Través de Hermandades del Trabajo, corriendo casi todos los cross en la Casa de Campo madrileña. Como curiosidad, hay que destacar que la primera competición de campo a través de la Casa de Campo fue homologada por la entonces Federación Castellana de Atletismo.

Pero Enrique no se conformaba con correr junto a los de su categoría. En un mismo día, era capaz de competir también con los mayores y con los seniors. De esta manera, se fue iniciando en el maravilloso mundo del atletismo.

A los 22 años obtuvo el empleo de teniente de Infantería y, a partir de ese momento, empezó a entrenar a equipos de atletismo en el ámbito militar, además de a un equipo de judo en diversas competiciones. Durante cinco años consecutivos quedó campeón de cross de la Región Militar Centro en la categoría de oficiales.

Ha participado en el pentatlón militar, en patrullas de tiro y en numerosos eventos y competiciones, hasta el punto de quedar tercero en el Campeonato Militar de España de Judo, disciplina que no se le da nada mal, como podemos comprobar.

Tras una intensa vida dedicada al deporte, Enrique, a sus 75 años, sigue muy activo. Practica windsurf, bicicleta de montaña, natación, campo a través y maratones. Sin ir más lejos, resultó campeón del Maratón de Madrid en 2013 y 2015, y en 2014 sólo pudo ser tercero debido a una lesión.

Enrique es, sin duda, todo un ejemplo de cómo la edad no es un impedimento para seguir haciendo deporte. Su forma física es absolutamente admirable. Un modelo para todos, especialmente para aquellos que abandonan la práctica deportiva demasiado pronto.

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