Sabemos que la grasa que almacenamos en nuestro cuerpo no es igual ni tiene las mismas características según su ubicación.

La grasa visceral es la grasa que rodea los órganos internos de la cavidad abdominal. Sabemos que la grasa que almacenamos en nuestro cuerpo no es igual ni tiene las mismas características según su ubicación. Todos tenemos algo de grasa visceral, pero algunas personas pueden desarrollar más, sobre todo aquellas con un estilo de vida sedentario y hábitos alimenticios poco saludables.

A veces se habla de grasa corporal, grasa abdominal y grasa visceral sin hacer ningún tipo de diferenciación entre una y otra. Pero lo cierto es que la grasa visceral, en contraposición con la grasa periférica o subcutánea, tiene un mayor impacto sobre la salud. Y hay cierta confusión a la hora de encontrar la mejor manera de quemar tal o cual tipo de grasa, de tal modo que podemos encontrarnos con varias “soluciones” en cuanto a la dieta a seguir y los ejercicios necesarios y específicos para eliminarla.

Esos grandes depósitos de grasa visceral están asociados con complicaciones serias de salud, como problemas cardiovasculares, diabetes tipo 2 e hipertensión. Por tanto, es importantísimo que la distingamos de la grasa corporal o grasa esencial, que es uno de los principales componentes de nuestro organismo, una fuente de energía que controla nuestra temperatura corporal, protege órganos de nuestro cuerpo y nos ayuda en los procesos hormonales. 

¿De dónde procede?

El cuerpo utiliza la grasa como alimento durante periodos de inanición, pero si la cantidad de grasa no esencial es muy alta puede influir negativamente en la salud , lo cual es resultado de la ingesta de alimentos altos en calorías y la poca o nula actividad física. Tener grasa visceral es completamente normal pero sus depósitos deben ser bajos. El incremento de estos depósitos grasos se puede debe a varios motivos, pero los más habituales, insistimos, suelen estar relacionados con las dietas ricas en grasa y azúcares simples junto a una vida sedentaria.

No hacer ejercicio físico durante largos períodos suele tener un efecto perverso que se traduce en el almacenamiento de grasa visceral cada vez con más rapidez. Sin embargo, estamos a tiempo: un poco de actividad puede inhibir su desarrollo. Otros factores relacionados directamente con el estilo de vida, como la falta de sueño o el estrés, también incrementan el riesgo de aumento de este tipo de grasa.

La edad también es uno de los factores principales para ganar grasa visceral. A medida que nos hacemos mayores vamos perdiendo masa muscular y ganamos un mayor porcentaje de grasa corporal en general. Esto también afecta al consumo energético y a la forma en la que nuestro cuerpo quema calorías, provocando que sea más fácil la acumulación de grasa. Los cambios hormonales también tienen un papel destacado, particularmente en mujeres postmenopáusicas. Y también es cierto que algunas personas tienen factores genéticos que las predisponen a desarrollar más grasa visceral que otras aun estando en un rango de peso normal.

Consecuencias sobre nuestra salud

Como hemos mencionado, la grasa visceral está asociada con importantes efectos negativos sobre la salud, como la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares, los desequilibrios hormonales y el aumento del riesgo de padecer diabetes tipo 2 por resistencia a la insulina. Se asocia también con mayores niveles de colesterol LDL (“malo”) y menores niveles de colesterol HDL (“bueno”), así como con un mayor riesgo de padecer cáncer de mama, cáncer de endometrio y cáncer colorrectal.

Los depósitos de grasa abdominal son más peligrosos que la grasa periférica debido a su cercanía con la vena hepática principal que lleva sangre al hígado desde los alrededores del intestino. Sustancias excretadas por los depósitos grasos, especialmente adipocitos, pasarían a la circulación sanguínea y llegarían al hígado donde podrían quedar retenidas y afectar a los niveles sanguíneos de grasa y colesterol.

¿Cómo podemos perder la grasa visceral?

Perder la grasa visceral requiere la combinación de ejercicio aeróbico cardiovascular y cambios en los hábitos dietéticos. Así de claro. Tenemos que ser conscientes de que, al tratarse de grasa corporal no esencial, no es necesaria para las funciones vitales.

Es recomendable practicar, como mínimo, 30 minutos de ejercicio aeróbico al día, cuatro días a la semana. Este ejercicio puede consistir, para empezar, en una marcha ligera y podemos ir subiendo de intensidad a medida que vayamos mejorando nuestra forma física, hasta atrevernos con otras actividades fitness más quemagrasas.

En lo que respecta a la dieta, hay que evitar las bebidas azucaradas, el exceso de bebidas alcohólicas y los productos ricos en hidratos de carbono simples. También hay que evitar alimentos de alto contenido graso, especialmente grasa saturada. Recomendamos dietas con alto contenido en frutas, verduras, carne magra y alimentos de alto contenido en fibra, como cereales integrales. Los requerimientos dietéticos de cada persona varían considerablemente y lo mejor, sin duda, es consultar a un nutricionista.

Y, como última recomendación, junto a las medidas dietéticas y el ejercicio físico, siempre debemos descansar lo suficiente y reducir al máximo el estrés, en la medida de lo posible.

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